dimarts, 27 d’abril de 2010

23 de abril


Despertarme en medio de un mar de sonrisas, de palabras en armonía describiéndome, de detalles y buenas intenciones... fue el símbolo de que no sería un día cualquiera. Saber que era 23 de abril, día de los enamorados, me corroboró que además de no ser cualquiera, sería un día especial.

Me gustan los días en que la fecha, puede marcar su grado de importancia. Aquellos días en que te levantas y al mirar el calendario, ves un círculo alrededor de un número que te anticipa que ése, será un buen día. Esos días son buenos porqué está establecido de ése modo, por la predisposición a que lo sean, por el amor que doy y recibo. Ésta es, pero, la primera vez que vivo el día en compañía. Y era este último detalle el que marcaría la diferencia, el que haría que fuera más... diferente, más... especial, más... amoroso, más... perfecto.

Pasando por alto los aspectos negativos, o aquellos que no fueron del todo positivos, tengo que decir que fue redondo. Tengo tendencia a analizar los sucesos fijándome en aquello que me han aportado, en los sentimientos que han provocado en mí, y hubo un acontecimiento que me marcó, y que me marcará para siempre.

Comimos juntos, cocinó él, y luego fuimos a su habitación. Estuvimos charlando, riéndonos de todas las desgracias que nos habían ocurrido des de que nuestra historia empezó. Nos sinceramos, viajamos por el pasado hasta que los dos nos miramos y las palabras marcharon, expiraron, huyeron. Los "achuchones" no eran nuevos, pero sí más tiernos, más íntimos. Las caricias aumentaron en cantidad, al mismo tiempo que la ropa disminuía. Nuestros cuerpos quedaron desnudos, yo arriba, él abajo.

Tengo que hacer un paréntesis para hablaros de su olor, de su aroma, de su esencia. Una de mis mayores debilidades está en el sentido del olfato, y es que pierdo el norte. Su olor no es suave ni tierno, no me abraza, me cubre. Penetra dentro de mí sacudiendo el cerebro, haciéndose notar, marcando su presencia. Más que encantarme, me hipnotiza, y mi cuerpo se siente tan atraído por éste, que la pasión me invade, en algunos momentos, de forma incontrolable. Me deja ciega, muda, sorda... hace que pierda mis facultades. Es por ello que cuando estamos en público, me alejo de él; pero allí estábamos los dos solos, su olor y mi cerebro, su ojos y mi mirada, dos corazones esperando conocerse en persona.

No era la primera vez que lo intentábamos, pero sí la primera que funcionó. Entre sábanas, con nuestra inexperiencia, creamos un clima de confianza, de tranquilidad, de amor... un clima que no había formado nunca antes, ambiente en el que hubiera permanecido durante horas. Los dos fuimos uno, y lo mejor es que des de entonces, seguimos siéndolo. Sé que no me equivoqué al escogerlo, sé que era él, aunque nunca hubiera imaginado que ésas fueran las condiciones. Fue perfecto para mí, perdí la virginidad con quién quise y cuando quise, y aunque no hubieran pétalos, ni velas, ni música de fondo... estábamos él y yo, y el amor mutuo que nos convertía en un "nosotros", que nos unía; entonces entendí que con aquello bastaba. No necesitaba más.

Sonreí toda la tarde, y toda la noche. El motivo era evidente: estaba rodeada de quién quería en cada momento, le tenía a él, y tenía a los míos. Un 23 de abril diferente a los demás, irrepetible, único. Y así lo guardo, y así será marcado cada año, en el calendario: con un círculo, más grande de lo normal, con un color diferente... ése ya no era un día especial porqué estuviera establecido, ése era un día especial porqué yo, en mi calendario, lo había decidido así.

Tengo tres fechas, aunque una no quepa en cada año; puede que por coincidencia, quizá sea la menos especial, la de menor importancia. Las tres con un color, el mismo. Iré sumando, aunque sé que tendrán que pasar años para volver a utilizar el mismo color.

1 comentari:

Neus ha dit...

Me encanta :D



Mi 23 de abril del 2000... fue cuando empecé con una persona muy especial. Me gusta la similiutd y me gustan los 10 años de diferencia ^^