dissabte, 27 de febrer de 2010

Dejé que los deseos vivieran

La ropa se había desvanecido lentamente y allí estaban, por fin, en la cama, mirándose. Hurgaban en el interior de cada uno, se veían reflejados en los ojos del otro, era el mejor paisaje que nunca habían visto. Sus pieles no perdían el contacto ni un momento, las sábanas les envolvían, suaves, deslizantes, agradables.
Sus cuerpos se entrelazaban, los corazones corrían y los ojos habían perdido su función. Ahora era el turno del tacto. Entre caricias, besos, abrazos… estaban conociéndose cómo quien tiene que adivinar quién está delante suyo con los ojos vendados; la única diferencia es que no había límites, podían tocar y hacer disfrutar al otro, la única norma, era no saltarse ninguna parte del cuerpo.
[…] “Anda descalzo esta noche.” […]
Era temprano. Aquella era la primera vez que al abrir los ojos, la veía a ella. Un escalofrío le recorrió el cuerpo, todas las partes que aquella misma noche habían sido exploradas por ella, se estremecieron. Todo había estado perfecto y, nunca había experimentado tal sentimiento: del miedo al valor, de la victoria al fracaso. Pasaba de querer repetir lo sucedido cada día de su vida, al temor de caer en la rutina, de dejar de disfrutarlo como lo estaba haciendo. No quería convertirse en esclavo de su corazón, le aterrorizaba pensar en perder todo aquello, en que no volviera a ocurrir o a que ocurriera eternamente.

dijous, 25 de febrer de 2010

Nunca jamás

• No es un tema común, pensar sobre esto.
- Ya, pero es ahora cuando se me pasa por la cabeza, cuando las dudas me engullen, cuando me amenaza el olvido.
• Dicen que nadie muere si alguien lo recuerda
- Sí, pero él no estará, por mucho que no salga de mi mente. No volveré a abrazarlo, mis ojos no volverán a ver su rostro, mis oídos no aprenderán de sus historias, mi cuerpo no volverá a abrazarle, ni mis labios a besarle.
• ¿Por qué ahora? ¿A caso ha muerto?
- No, pero... ¿qué pasaría si lo hubiera hecho?
• Entonces sí que no lo verías, escucharías, tocarías ni olerías nunca jamás.
- Le olería... estoy segura. En el momento menos oportuno, en el más inesperado, su fragancia aparecerá cómo un relámpago, lo sé, siempre pasa igual.
• Bien, así no le olvidarás.
- Sería imposible, pero puede que no recuerde su timbre de voz, que me olvide de la arruga que tiene en el pómulo izquierdo o el lunar de su mano.
• Eso es inevitable, los detalles los borra el tiempo
- Pues yo no quiero, me niego. Y hablando de tiempo… has usado la palabra nunca jamás. Prometiste que no volverías a hacerlo…
• Prometí no volver a hacerlo si no estaba 120% segura de que era cierto.

Esas últimas palabras fueron decisivas, Su mente no podía comprender ése “nunca jamás”. Sus palabras se ahogaron entre las lágrimas y las lágrimas, se perdieron en un abrazo que no debería haber acabado.

dimarts, 23 de febrer de 2010

Navegar.

Le miro, me introduzco en sus ojos. Le exploro a él mientras me descubro a mí. Compartimos el oleaje de nuestras almas, investigo su mar interior, cada pez que nada dentro. Me fascina ver lo diferente que es, la variedad de especies que contiene... Me entretengo con cada minúcia, estoy immersa en un océano extranjero, navego entre inteligéncia e ingenuidad, dejando atrás su coraza para submergirme en la sensibilidad que todo hombre posee.
Al entrar he dejado de ser yo para formar parte de un nosotros y, sin miramientos, me busco un huequecito para montar mi tenderete. Esta noche me acostaré con su ternura, me arropará su cariño y dejaré que sus latidos sean la nana que tranquilice mi corazón.

dilluns, 22 de febrer de 2010

Me duele pensar en ti

Me duele pensar en ti, en lo que somos, en lo que fuimos. Me duele que tu inconsciente aún marque mi número de teléfono por inercia, eso hace que la herida escueza.
Me entristece que aparezcas en mi mente, que aparezca nuestro pasado, nuestros recuerdos, el reloj que nos unió y quiso separarnos. No estoy preparada para mirarte y sonreír por todo lo que un día nos hizo felices, aún no es el momento de pensar que no te necesito, porqué tu ausencia me marchita parte del corazón. ¿Recuerdas cuando no nos cabía en la cabeza que pudiéramos pelearnos? Cuando nada ni nadie parecía poder con nuestra relación, porqué todos los que nos conocían sabían que en una, siempre iban a encontrar a la otra, en un pack, formando una sola unidad. Aún retengo en mi memoria aquél sentimiento de necesidad, de unión y adicción a ti.
Las peleas llegaron; el amor lo puede todo, incluyendo nuestra amistad. Nuestras prioridades cambiaron, yo dejé de ser contigo, para acostumbrarme a ser sin ti. Aprendí a no necesitarte, a superar mis problemas sin tu apoyo, a no necesitar tu aprobación para tomar mis decisiones. Y tú aprendiste a quererle, supiste qué es el amor, y aquello te separó de mí.
Nuestros relojes dejaron de ser complementarios, de ir siempre compenetrados y pasaron a contar cada uno su tiempo, para controlar su propio mundo. La verdad es que el mío se desmontó. No fue fácil, me encontré con mi mundo y miré a mi lado. Ése sitio que siempre ocupabas tú, ése lugar que parecía irremplazable e imposible de desalojar estaba vacío. Pasé de ser invencible contigo a ser vulnerable sin ti.
Hace unos meses que cogimos bifurcaciones distintas, aunque de manera forzada. Hace unos meses que mi otra mitad no eres tú, y aunque he aprendido a ser yo sin necesitarte a ti, me duele pensar en ti, en lo que somos, en lo que fuimos.

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diumenge, 21 de febrer de 2010

Me acomodo en un rincón de tu corazón

Llegamos. Perfecto, el lugar idóneo. Puede que no sea el mejor, pero no importa. Antes de sentarnos, nos fundimos en un abrazo. Nos aposentamos en él y yo, aprovecho para acomodarme en un rincón de su corazón. Uno sus latidos con mi respiración, y el oleaje del mar parece ser la base de la melodía que se está creando a mi alrededor. Harmonía pura. Un paisaje espléndido y, de pronto, un abrumador olor se apodera de mí. Es su aroma que, junto a una ráfaga de viento fresco, ha querido penetrarme. Su mano se enreda en mi pelo, una caricia tierna y atrevida preparando uno de esos besos pasionales.
Dejo reposar mi cabeza en su pecho: un "bom-bom" constante e insistente en el oído izquierdo, un leve chapurreo en el derecho y un tequiero tan grande como el mar que tengo enfrente en el corazón.

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