dilluns, 17 de maig de 2010

No es que esté estresada, es que me falta el tiempo

Al oirla me inundó de innocencia, aunque fuera su seteinta octavo cumpleaños. Me transmitió la alegría de un niño pequeño al tener una piruleta en la mano, me miró mientras manteníamos una conversa telefónica, a quilómetros de distancia... y aun puedo percibir su sonrisa, de oreja a oreja, con unos dientes pequeños y en forma de sierra que se dejan entrever enmedio de unos labios finos. Los dientes, un pequeño detalle de la muestra de su experiencia: pequeños, gastados, però suyos, todos y cada uno de ellos, desde hace ya muchos años.

Las ganas de vivir, de querer, de disfrutar de la vida que le queda, sea poca o mucha, me han fascinado. Dicen que todo esfuerzo tiene su mérito, y después de todo aquello, merece un respiro, merece un último suspiro afable, cálido, amoroso, tierno y familiar. Merece todo aquello que yo nunca le he dado, la compañía que nunca le he concedido, el cariño que pocas veces le he dado. La he subestimado y hoy, por lo que ha conseguido, la quiero más que nunca.

Y ahora... después de compartir algunas palabras con ella, me doy cuenta que me falta el tiempo, que vacilo la arena que cae, y me quedo embobada mirando el reloj, perdiendo el tiempo. "Sé conseqüente, eres suficientemente inteligente". Lo soy, así que aquí os quedáis, leyendo unas palabras en vez de reíros a carcajadas de la vida que, probablemente, sería más provechoso para vosotros.

1 comentari:

Carolina... y ya. ha dit...

Ah, a veces complicamos las cosas tanto, cuando todo puede ser tan simple... Dejamos que el tiempo pase como si nos quedara todo... pero que va, no tenemos ni un minuto de paz en esa infinidad de minutos ajetreados, vacíos, en los que olvidamos a los que más queremos y nos olvidamos a nosotros mismos.
Intentaré reírme un poco más, gracias!